lunes, 16 de diciembre de 2013

La seducción, todo un arte demodé


Mi amigo, el Doctor Amor, tiene razón cuando afirma que las nuevas tecnologías han eliminado la esencia de la seducción. Ahora, con todas las plataformas, herramientas y webs que existen en el mercado, en muy pocas ocasiones se “juega”, se disfruta con el proceso, con el camino para conquistar a una mujer, o a un hombre. Ya en el perfil de cada uno se detalla específicamente lo que queremos (hombre, mujer, relación estable, relación sexual…).

Para una persona como mi amigo, que le hemos apodado el Doctor Amor por algo, y pese a que conoce el mundo que ya sabéis que me gusta llamar 2.0, añora las antiguas fórmulas de conocer  y ligar con una mujer, por eso continúa siendo un seductor nato, caballero y galante como pocos.
Sin embargo yo sostengo que, hoy en día, no es el medio el que ha cambiado la manera de ligar. Es la sociedad en general, que vivimos deprisa, atropelladamente y que “pecamos”, en algunos caso y sin generalizar, de ser intemperantes. Por lo menos yo, yo sí que vivo y soy así, para mi desgracia. En la gran mayoría de las ocasiones, cuando ligo (o me ligan) estoy más centrada en lo que va a pasar que en lo que está pasando y por ello, dejo de disfrutar el momento, es proceso de seducción.

La verdad es que no siempre. Recuerdo, hace unos meses, cuando quedé con una gran amiga, confidente de mis historias, para que me levantara el ánimo ya que estaba sumergida en un historia con visos de un final “trágico” para mí, por mis sentimientos. Quedamos en un pub inglés para tomarnos unas cervezas al puro estilo de la City londinense y en medio de mi discurso desalentador vislumbré a un chico que me recordó a cierto compañero de profesión que siempre me ha parecido de lo más atractivo.



Hace tiempo que la vergüenza me abandonó, por ello, primero con el objetivo de saber si era mi compañero y después, desechada esa posibilidad, porque ya me parecía monísimo, no dejaba de mirar al chico de la borla. Estábamos en invierno y llevaba el típico gorro de punto con borla incluida. Él notó mi mirada descarada y como si le contagiase, tampoco me quitaba la mirada de encima. Fuimos tan descarados que hasta el camarero se dio cuenta. Pese a que el juego de las miraditas me estaba distrayendo de lo negativo que me rondaba la cabeza, decidimos recoger para irnos. Cuando me levanté y le miré, levantó las cejas a modo de saludo y yo le guiñé un ojo. Nos entretuvimos pagando y al salir nos encontramos que él y su grupo de amigos también estaban dispuestos a marcharse. Es curioso que cuando alguien está interesado en alguien, no hay disimulos e incluso se pierden las formas porque, obviando a los que teníamos alrededor, nos dirigimos el uno al otro y nos autopresentamos. De una manera muy natural y como si fuera el paso lógico después de tantas miraditas.

Algo nerviosa sí que me tuve que poner porque me despedí y tomé una dirección errónea para ir a mi casa. Claro que cuando rectifiqué, me lo volví a encontrar a él con sus amigos. “¿Vas para casa?”. “Sí” “¿Te acompaño?”. “Claro”, y así comenzamos a conocernos. Aún no era tan tarde como para tener que recogernos así que optamos por tomarnos mas cervezas, esta vez en un pub irlandés, y seguir conociéndonos. Esa era mi intención, más ahora dudo de que también fuera la suya. Sospecho que estaba haciendo tiempo para “atacar” a su presa, ósea a mí. Nada me hacia indicar que ese chico, más joven que yo, con una carrera prometedora en una multinacional, soltero, que había estudiado en mi mismo colegio y de carácter afable y tranquilo, se transformara en lo que después me encontré. Nada grave, chicas, pero que no me resultó agradable en absoluto.

También hay que decir que cuando se quitó la gorra perdió parte de su atractivo para mí. Seguía teniendo una mirada seductora con esos ojos azules claro y esa amplia sonrisa pero su “corte” de pelo no era del todo favorecedor, de ahí que llevara gorra incluso en interior.



Tras dos cervezas y una profunda conversación sobre el futuro de nuestro país, lo sé no es tema para hablar nada más conocer a un ligue, pero por lo visto a los dos nos gusta la política, me acompañó definitivamente a casa. En ese camino me di cuenta de que no había mucha química entre ambos debido a que, en un recorrido de menos de 10 minutos, se produjeron algún que otro silencio incómodo. Cuando llegamos a mi casa me besó. Fue agradable, la verdad, por eso cuando insistió en pasar a mi portal, abrí sin titubear. El problema vino cuando ya a resguardo empezó a incrementar la intensidad de sus besos y a ver claramente cuales eran sus pretensiones para finalizar la noche. Le expliqué que no vivía sola, que no podíamos subir a casa y que bajo ningún concepto y va a echar un polvo en el portal de mi casa. Por eso mismo, y cuando me metió la mano por dentro de la falda, lo paré bruscamente. No tenía intención de “calentar” a nadie ni de iniciar algo  que sabía que tarde o temprano iba a finalizar. Así que, poco a poco, fui acercándole a la puerta. “¿Me estás echando?”,”No quiero empezar algo que no vaya a acabar. Esta noche nos quedamos aquí.” Y sin más, abrí la puerta, y se dio por aludido. No hubo intercambio de teléfonos, y aunque en ese momento me hubiera gustado darle una segunda oportunidad y volver a verlo porque había algo en él que sí que me atraía, ahora, en la reflexión de los hechos de aquella noche, y pese a lo seductor de las miradas iniciales, me alegro no tener ningún nexo de unión con él. Fue lo que fue, un rollo para convencerme que, pese a la historia que nos ronda en la cabeza, hay más peces en el mar. Puede que me lo vuelva a encontrar pero, francamente, dudo que tengamos oportunidad de profundizar más él uno y él otro.


Algún día, cuando mi querido Doctor Amor se ponga melancólico y hable de la época de antaño cuando el ligar era un arte, le contaré esta historia para que vea que pocos dominan como él el arte de la seducción y lo que queremos las mujeres.

A lo largo de la historia del cine nos hemos encontrados con muchos personajes que han hecho de la seducción su mejor arma. Recuerdo una película, bastante reciente, en la que sale uno de los actores que actualmente considero más atractivos, Ryan Gosling. Se trata de Stupid, crazy love, dirigida por Glenn Ficarra. En ella, el personaje de Ryan Gosling es un experto en seducir mujeres. ¿La habéis visto?


 Por cierto, si conocéis algún seductor nato, como el Doctor Amor (no como el del pub inglés), contadme vuestra experiencia… ya sabeis Off the récord.

En estas fechas sólo me queda deseados felices fiestas y que 2014 venga repletito de historias bonitas y divertidas para disfrutarlas.

Casi se me olvida!!!
La ganadora del sorteo de Dekuero Creaciones ha sido : PICARA MIAU
FELICIDADES!!!!
Nos pondremos en contacto contigo enseguida!!!
 

Besos

by Off the record

Fotos de Pinterest

6 comentarios:

  1. Como me gustan tus historias. Yo prefiero el arte de la seducción., lo de aquí te pillo aquí te mato no va conmigo. Me he perdido seguramente muchas cosas por esta cuestión.

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  2. Pues si que es verdad, ya todo es a la prisa y la seduccion se esta perdiendo, con lo bonito que es el tonteo cuando se esta empezando o antes!! besitoss
    http://pelosenmipoder.blogspot.com.es

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  3. enhroabuena a la ganadora :D
    por cierto guapaa, tengo dos sorteos en el blog :) diannetho.blogspot.com.es

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  4. Muy interesantes todas tus historias. Las esperamos cada semana.
    Dekuero Creaciones

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  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  6. Madre mía vaya historia!!! Te doy toda la razón en que los chats facilitan pero quitan el
    Romanticismo y el principio tontorrón que tanto morbo da!!! Pero todo supongo que tiene su qué! El del gorrito grrrr fueraaaa!!! Jajaja me encantan tus historias! Un besazo

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